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Protocolo y ceremonial

Diez Principios Rectores para celebraciones conmovedoras

Los motivos abundan: siempre hay una razón para celebrar y no existen límites en la manera de hacerlo. Los efectos que tienen los rituales y las ceremonias en el compromiso, energía y lealtad, están bien documentados.

Conexiones corporativas: como en un lienzo, la celebración pone juntos al pasado y el futuro, acerca a los amigos, afianza a las personas en un lugar, relaciona a los líderes con su equipo de trabajo, funde el corazón en el alma y une el cuerpo y el espíritu. Todo se vuelve parte de una empresa cohesiva, que crea algo valioso para los demás.

 La celebración honra a los celebrantes: no existe una receta, fórmula o listado único para llevar a cabo un buen acto que exalte. El éxito de una celebración se deriva de un profundo conocimiento de la cultura corporativa y de los individuos que la constituyen, lo que favorece la libertad de expresión y el permiso de ser ellos mismos, lo que promueve la integración y hace expresar sus espíritus.

Estar aparte y ser parte: en la celebración, cada persona es considerada especial e importante, al mismo tiempo que se honra y refuerza la comunidad a la que pertenece. Satisface a nuestra individualidad el ser únicos, asimismo anhelamos ser parte de los otros en una cultura común.

Transportar a los participantes: las buenas celebraciones utilizan todos los vehículos culturales a su alcance para conectar, reafirmar y llenar a la empresa colectiva con significado, esperanza y propósito. Captura los aspectos físicos, mentales y emocionales del ser, pero también toca de manera especial al corazón. Transporta a las personas de la rutina a un espacio pleno de espiritualidad, así como de sueños y sentimientos compartidos.

Es un foro para la creatividad: la celebración invita a encender el espíritu creativo que se encuentra cerca de la superficie, que sólo espera permiso y libertad para expresarse.

Balance entre keva y kavannah: la celebración es un arte tanto planeado como espontáneo, se encuentra entre la expresión vital calculada (keva) y lo natural (kavannah). Las buenas celebraciones tienen un guión, pero también paréntesis para la flexibilidad y acciones concretas ante imprevistos.

Todo dice algo: Ninguna acción o característica de la celebración se escapa de ser interpretada. Cada movimiento, símbolo, discurso o detalle es signo de una posición, creencia o valor. El subtexto, lo que está entre líneas de una celebración bien planeada y ejecutada, habla del espíritu y deja profundos mensajes que perduran más allá del final de ésta.

Los beneficios: las compañías exitosas celebran muy bien, y aquellos que organizan juntos, permanecen juntos y trabajan juntos. Los dividendos son muy rentables y, además, se tiene una fuerza de trabajo llena de vida. Cuando las celebraciones son frecuentes, bien enfocadas y auténticas, prevalece una alta moral, compromiso y un sentido de propósito y camaradería.

La celebración debe brotar del interior: las celebraciones no pueden ser forzadas. Cada evento es único, y la firma de los invitados y participantes aparece como “ese es mi reflejo”. El liderazgo debe ofrecer, en la celebración, una oportunidad de convocar y apreciar el espíritu colectivo.

Celebraciones en las Empresas. Terrence E. Deal & M. K. Key.

 

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